jueves, 31 de marzo de 2016

RASTREO: TEJONERAS Y CONEJERAS CONJUNTAS

¡Muy buenas!
Hoy voy a explicar una "lección" que me parece interesante: El otro día estaba campeando cuando vi un pequeño agujero en una pequeño talud que lindaba el bosque con un campo de avellanos.



Reconocí lo que era, una conejera, y aunque no deja de ser algo bastante habitual decidí acercarme para echar un vistazo de una manera más profunda a ver si encontraba algo relevante. Conforme me acercaba iba encontrando más y más cados.



Pero en una de éstas, veo que uno de ellos tiene la boca más grande de lo esperado. Seguramente era una entrada de la conejera con la boca algo más grande porque un zorro la había excavado en busca de los conejos, pero también podía ser otra cosa: una madriguera de un animal más grande. ¿Cómo saberlo? Fácil: si la boca de la entrada es grande pero se va estrechando tipo embudo seguramente es de un zorro que ha excavado.. hasta que se ha cansado. Por eso la boca es grande pero después se estrecha otra vez hasta su diámetro original. Pero si esa túnel tiene el mismo diámetro todo el rato... ¡Es que es una madriguera de un animal mayor!



En la foto no se aprecia, pero todo el túnel tenía el mismo diámetro. Normalmente, si se ve una madriguera de tal tamaño, suelen ser o bien tejoneras o bien zorreras. Bien, es difícil que los conejos convivan al lado de un animal que se los come, así que estábamos ante una tejonera (En esta ocasión era fácil, pero si no hay conejeras cerca también se puede diferenciar zorrera y tejonera por otras claves, pero eso lo dejo para otro día).
El caso es que una tejonera suele constar de varias entradas, así que.. me puse a buscar más. Y claro está, las encontré:



Estas dos bocas estaban llenas de hojarasca y con telarañas en la entrada, lo cual indica que estaban en desuso... ¿Pero estaba en desuso esas bocas o toda la tejonera en sí? Sólo esas dos bocas, pues luego encontré 3 bocas más con la entrada limpia (en la segunda foto hay realmente dos bocas, pero no se ve bien)


Empezaba a atardecer, y la hora era buena..¿Por qué no hacer una espera a ver si veía algo? Así que me senté en una piedra, algo tapado por unos arbustos. Consulté el reloj y me dí de tiempo media hora. Aunque no era mucho rato la espera podía hacerse lenta, pero un naturalista en el bosque siempre tiene algo con que distraerse. Me relajé y empece a escuchar los magníficos sonidos del bosque al atardecer, donde reconocí el cloqueo del mirlo, un verdecillo desde su percha, el maullido de un ratonero, las primeras golondrinas de la primavera, el chi-chi-pan de un carbonero común... cuando, de repente:


¡Objetivo cumplido!

Fue una buena tarde, la verdad: conejera, comprobación de si una boca mayor era un zorro que la había hecho más grande para cazar al conejo o era la madriguera de otro animal, determinación de la tejonera, búsqueda del resto de bocas de la tejonera, observación de cuáles estaban en uso y cuáles no, ratito sonoro ornitológico...y para finalizar, una espera con objetivo cumplido. ¿A que así molan las salidas al campo?















jueves, 24 de marzo de 2016

EL LEGADO PERDIDO DE JOSECHU LALANDA, EL DIBUJANTE DE FÉLIX (ARTÍCULO DE ALFREDO MERINO EN "EL MUNDO")

¡Muy buenas!
Aquí os pongo un gran artículo de Alfredo Merino (original en este enlace), que habla del dibujante que utilizó Félix Rodríguez de la Fuente: Josechu Lalanda. Si no lo conocéis, hoy vais a disfrutar con esta lectura




«¿Qué haces?». Fue uno de aquellos días en los que el dibujante tomaba apuntes de animales en el zoo. Estaba delante del recinto de los lobos ibéricos cuando se le dirigió un curioso que pasaba por allí. Contestó con la costumbre del tantas veces preguntado: «Ya ves: dibujo lobos». «¿Sabes que esos lobos son míos?», volvió a preguntarle. «¿Y qué? no les va a pasar nada». El encuentro entre Josechu Lalanda y Félix Rodríguez de la Fuente estaba predestinado. Ocurrió en la mitad de los pasados años 70, en el zoológico de la Casa de Campo, donde el naturalista tenía su clan de lobos.
No se conocían, pero su pasión por los animales tendió al instante puentes entre ambos. Al ver su maestría, Félix le propuso ilustrar la enciclopedia Fauna. Josechu aceptó encantado. Desde entonces y hasta la muerte del primero, en marzo de 1980 en Alaska, se convirtieron en almas gemelas consagradas cada una, a su manera, a divulgar aquel mundo que les hechizó, en una España franquista donde los linces e imperiales eran considerados alimañas.
Reconocido como uno de los más importantes pintores naturalistas, Lalanda murió el 15 de octubre de 2015 víctima de una fulminante enfermedad, tras un último periodo de su vida en el que la crisis colocó sus dibujos al borde de la extinción. El pasado mes de enero, un numeroso grupo de familiares, amigos y compañeros le rindió homenaje en el Museo Nacional de Ciencias Naturales. Ahora sus herederos andan inmersos en la recuperación del inmenso legado, compuesto por miles de láminas, decenas de esculturas, carteles de todo tipo y docenas de libros, para evitar que desaparezca.


Desde la casa de Marta Lalanda se contempla la dehesa de Arganda. Fue la última naturaleza que inundó los ojos de su padre. «Se vinieron a vivir aquí cuando empezó a encontrarse mal. Desde la ventana lo veía todo. Te decía: 'Mira allí, al lado del matorral, bajo la carrasca, hay unas collalbas'. Y claro, tú no veías ni el matorral, ni la carrasca, ni mucho menos los pájaros. Tenía una vista sobrehumana», relata su hija rodeada de elefantes, osos, halcones, gacelas, cocodrilos, linces y jabalíes salidos de los pinceles de su padre.
Lo corrobora el veterano naturalista Cosme Morillo, asiduo compañero en las correrías campestres. «Ibas con él y de repente te decía: 'Mira, en la rama grande de la derecha del tercer árbol hay un elanio'. Y claro, del árbol que estaba a más de 100 metros, no veías ni la rama, mucho menos al elanio».
Vino al mundo José Antonio Lalanda el 20 de febrero de 1939 en San Sebastián. Hijo del legendario torero Marcial Lalanda, la familia huyó de Madrid durante la Guerra Civil, dispuesta a saltar a Francia. Estaban en el País Vasco y el niño pasó a llamarse Josechu. Acabada la contienda, regresaron a la capital.
«De niños nos gustaba ir al cine a ver películas del Oeste y de Tarzán. No sé cuantas veces las vimos», recuerda Ricardo Lalanda, hermano del artista. Aquellas películas imprimieron en Josechu caballos al galope, pumas, elefantes, gacelas y cocodrilos. La simiente estaba echada.


Otra visita obligada en aquel Madrid de posguerra era la Casa de Fieras del Retiro. Allí se pasaba las horas muertas Josechu, haciéndose amigos tan singulares como el elefante Perico o Paco, el oso polar. Aquellos desdichados dentro de sus jaulones fueron otra de las primeras fuentes de aprendizaje del creador. Aunque, sobre todos los lugares, se eleva La Salceda.
Adquirida por Marcial Lalanda en los Montes de Toledo, la finca estaba perdida entre dehesas, a 28 kilómetros del pueblo más cercano. Fue el aula magna donde la vida silvestre impartió sus enseñanzas en el alma de Josechu. «La Salceda fue un privilegio del que disfrutamos todos los hermanos y todos nuestros amigos bajo la guía y el beneplácito de nuestros padres. Era el enclave perfecto para disfrutar la naturaleza», reconoce Ricardo.
«Marcial Lalanda introdujo a sus ocho hijos en el amor a la naturaleza y tuvo un papel decisivo para que Josechu fuera artista. Prueba de su talante es que estabaparticularmente orgulloso de que ninguno de ellos hubiera sido torero como él», señala Juan Delibes, director del canal Caza y Pesca, donde trabajó Josechu los últimos años de su vida.
«Para acabar de quitarles las ganas de ser toreros, se los llevó a La Salceda y allí les dejó sueltos», añade Marta. «Los ocho asalvajados, siete chicos y una chica, perdidos todo el día por la enorme finca. Iba muchísima gente y mi abuelo jamás cobró a nadie por estar allí, ni por ir a cazar. 'Si vienes a mi casa es porque eres mi amigo y si eres mi amigo, no te cobro', decía».
El descubrimiento de tan inmensa biodiversidad inundó el ánimo del joven Lalanda, quien lo canalizó a través de sus lápices y pinceles. Poco a poco aprendió a saberlo todo de todas las criaturas. «Imitaba a la perfección la voz de los más variados animales: tórtolas, perdices, jabalíes, ciervos, sabía todas sus costumbres, sus querencias... Y mantenía un auténtico arca de Noé con todo bicho que caía en sus manos», recuerda Ricardo.


Para entonces ya había llenado cientos de cuartillas con los animales con los que compartía La Salceda. Lo tenía decidido, sería pintor, pintor de animales. Y se lo dijo a su padre: abandonaba los estudios para dedicarse a la pintura. Tras el consabido drama familiar, Marcial Lalanda enseguida entendió lo que significa el arte para su hijo. Se convirtió en su primer mecenas. El padre compró al hijo la primera lámina que éste vendió en su vida: 200 pesetas, 1,25 euros, y emoción y llanto a raudales.
«Me fascinaba su tremendo talento. Jamás hacía un boceto. Salía al campo, miraba todo y luego en su casa dibujaba lo que había visto. Era pasmoso su conocimiento de la anatomía animal. En la naturaleza se sentía como un cazador furtivo, imaginaba los pintores rupestres y se sentía como uno de ellos», recuerda el biólogo Carlos Vallecillo, gran amigo y compañero de Lalanda en la enciclopedia Fauna.
«No sólo refleja a la perfección la anatomía animal, sus dibujos muestran a los animales en movimiento, nunca estáticos, gracias a su conocimiento de la fauna. Era un artista absoluto y no sólo pintaba, también hizo magníficas esculturas de muchas especies de la fauna ibérica», añade el biólogo Ezequiel Martínez, organizador del homenaje al pintor.
Josechu pintó mucho y bien, pero, sobre todo, atrapó entre sus trazos algo que muy pocos logran: el alma animal. Antes que corzos, lobos o elefantes, en sus láminas aparecen la dignidad y el sentimiento de los seres salvajes.


Capaz de dibujar a vuela pluma una buitrada comiéndose una res muerta en el tiempo que servían la comida, no se le resistía ningún animal, ningún instante de vida. «¿Por dónde queréis que empiece, por la cola del último?». Y, trazo a trazo, la punta de su grafito empezaba a destilar un lince ibérico en estado puro. Tras la mancha del rabo, el resto del cuerpo. Agazapado, la espalda arqueada, las orejas tiesas, toda la armonía del mundo. Como en una secuencia de cine, al lado, ese mismo lince ya salta para atrapar a una atolondrada pareja de azulones en inútil huida. Intensidad a tope. En la siguiente escena, un lince lanzado tras un aterrorizado conejo. Sin el menor titubeo concluía: ante el conejo desgarrado y aún palpitante, el felino pelea a muerte con un raposo oportunista dispuesto a robarle la pitanza. Y así todos los días.
Dejemos que el propio Félix, cuente la valía del artista. Sucedió en enero de 1980, Josechu inauguraba una exposición y le pidió que la presentara. Éstas son algunas de las palabras de Rodríguez de la Fuente días antes de su encuentro con la muerte en Alaska: «Josechu es un pintor de animales... Trataré de explicarme. El artista que merece el título de pintor de animales ha de conocer en profundidad dos partes complejísimas: el arte pictórico y el arte del conocimiento del animal en su propio ambiente.. Hoy, los animales salvajes ocupan una dimensión. Los hombres, otra. La mayoría de los seres humanos no tiene oportunidad de contemplar la fauna más que a través de fotografías o películas... El hombre moderno ya no está en la naturaleza (...) Sólo unos pocos privilegiados han conservado la memoria y la retina fotográficas de la humanidad paleolítica. Estos hombres sí conocen y ejecutan a la perfección las reglas del arte pictórico, son los únicos posibles pintores de animales. Y este es el caso de José Antonio Lalanda. En su imaginación, en su memoria prodigiosa, en su sensibilidad de artista, el animal ha ocupado siempre un lugar preferente. Es de los pocos pintores vivientes que ha heredado las cualidades inimitables de los artistas magdalenienses».

Espero que os haya gustado.
¡Hasta el jueves que viene!

jueves, 17 de marzo de 2016

¡¡UNA BECADA!!

¡Muy buenas!
¡He de contaros que estoy muy muy contento! Mirad:


video


¿Cómo fue? Pues resulta que estaba prospectado la zona para analizar la fauna del lugar y la vi. Os cuento detenidamente como fue: iba recorriendo un camino que bordeaba un río. Entremedio del río y del camino, un cañar. Veo que un poco más adelante del camino, en el cañar, hay un paso de animales. Paso por delante y me giro mirando el paso, pues siempre se puede ver algún rastro ahí. Y entonces, la ví. Agachada contra el suelo, inmóvil. No me quedé mirando, pasé de largo unos metros ocultándome entre las cañas con intención de que el animal se pensara que me había ido. Con cuidado, cogí el móvil y saqué el brazo, sólo el brazo con el móvil, al paso de animales. Intenté enfocarla, me costó un poco pero... ¡lo conseguí!

La becada (también llamada chocha Perdíz o sorda) es un ave forestal especialmente difícil de ver por el mimetismo de su plumaje, que hace complicado verla entre la hojarasca. Además, si te acercas, se queda absolutamente inmóvil, agachadose contra el suelo, y no salta hasta que estas prácticamente encima de ella (algo así como hacen las liebres). Aunque hay alguna residente, en general en nuestro país la mayoría son invernantes. Se puede confundir con una agachadiza, pero la becada tiene 3 rayas en la nuca que la diferencian.

jueves, 10 de marzo de 2016

CURSO DE HUELLAS, RASTROS Y SEÑALES DE LA FAUNA DE LOS MONTES UNIVERSALES

¡Muy buenas!
Hoy quiero daros a conocer un curso de huellas, rastros y señales que impartiré el último fin de semana del mes de Junio en Noguera de Albarracín (Teruel).
El curso tiene una duración de un fin de semana (Sábado por la mañana teoría y Sábado tarde y Domingo por la mañana práctica en el monte) donde vamos a conocer todos aquellos indicios de presencia de los grandes y medianos mamíferos que pueblan la preciosa Sierra de Albarracín.

Dado que la duración del curso es de dos días desde la organización ofrecemos también la posibilidad de alojamiento, si bien y como digo es opcional y complementario al curso.

En el curso veremos todo tipo de señales de ciervos, corzos, jabalíes, tejones, zorros, ardillas, garduña, jineta... y muchos más.

Os animo a que os apuntéis, pasaréis un bonito fin de semana aprendiendo muchas cosas curiosas de fauna, cosas que hasta ahora no sabíais ver en el campo o si las veíais no sabíais interpretar en un entorno precioso: una sierra de pinares combinada con dehesas que enamora.

Os puedo asegurar que en el curso vais a aprender mucho, pero es que además también estoy seguro de que después de estar allí contemplaréis volver en unas vacaciones futuras.

A continuación os dejo el cartel publicitario del curso.

Para más info podéis contactar a través del mail entrepinosysembrados@gmail.com o a través del teléfono 646933565.



También he creado un evento en Facebook por si queréis clickar vuestro interés o asistencia.

¡Os espero en Junio!

jueves, 3 de marzo de 2016

ENTREVISTA A UN COTO DE CAZA

Muy buenas!
Yo nunca he sido partidario de la caza, pero no deja de ser algo relacionado con la naturaleza así que sería interesante saber el punto de vista y el funcionamiento de un coto de caza.
Contacté con uno, le mandé las preguntas y... Aquí lo tenéis.

-¿Cuántas hectáreas tenéis en el coto?
2800


-¿Qué tipo de ecosistema?
Principalmente Pinares de pinus nigra y sylvestris, buena presencia de Quercus faginea y Juniperus thurifera. Los matorrales como siempre, enebros, espinos albares, agracejos, aliagas, boj, lo común en la sierra.


-¿Y las especies que se pueden cazar allí?
Corzo, gamo, ciervo, jabalí y muflon en caza mayor. La menor lo más común, conejo, liebre, perdiz, zorzal, torcaz, etc...


- ¿Qué tipo de control de calidad de los ejemplares sigue? ¿Cómo se hace?
Observación directa. Hay que patear el monte, por las zonas querenciosas para poder observar a los animales y sus calidades. No se sigue ningún control de calidad debido a que el coto no es vallado, los animales pueden saltar entre cotos sin problemas.


- ¿Se realiza algún tipo de estrategia para regular la cantidad de machos por hembra?
No. El número de machos por hembra es muy bajo; más de 10 hembras por macho.


- ¿Padecís de furtivismo? ¿Tenéis guarda?
El furtivismo existe, es una realidad. Yo mismo soy el guarda del coto.


- ¿Qué tipo de gestión veterinaria requiere el coto?
Ninguna salvo que detecte algún problema sanitario en los animales, que deberé notificar inmediatamente a la consejería de agricultura caza y pesca



-se caza un ciervo. La cabeza de trofeo, pero ¿el resto del animal se aprovecha de alguna forma?
Por supuesto, se comercializa o se la queda el cliente.




- Sueltas de jabalíes en algunos cotos los días de caza: ¿leyenda urbana o realidad?
No, y no me consta que lo hagan por la zona.


- ¿Se puede incluir en el coto una especie alóctona? Si es así, ¿que medidas hay que tomar? No


- ¿Cómo ha evolucionado la caza en los últimos años?
 Es una pregunta demasiado general. Está muy de moda la caza con arco, el resto de modalidades se siguen llevando a cabo de la misma forma desde hace cientos de años.


- ¿Consideráis que tenéis el apoyo suficiente por parte de las administraciones?
Más o menos, el seprona controla en la medida de lo posible al igual que los forestales.


- ¿Qué cambiarías de la legislación actual?
Personalmente, volvería a prohibir bajo ningún concepto la caza de perro asilvestrados. Sólo captura.


- ¿Os influyen de alguna forma los grupos ecologistas o similares?
Por el momento no.


- Para acabar una pregunta muy puñetera: se dice que la caza mueve mucho dinero. ¿Es cierto o son habladurías? ¿Cuánto puede facturar un coto de caza?
La caza mueve muchísimo dinero en España. Es un sector enorme del que viven y dependen miles de familias españolas. La cantidad de facturación que pueda tener un coto es absolutamente relativa a muchisimos factores y características; hay cotos pequeños para caza menor y cotos inmensos con los mejores trofeos de caza mayor y lógicamente, las facturaciones no tienen nada que ver entre unos y otros. Un venado en España puede costar desde los 500 euros a los 10.000; todo depende de la calidad que tenga.


- ¿Hay buena relación con los agricultores de la zona? ¿Por conflictos porque vuestros jabalíes arrasan con sus campos?
Son dos mundos que SI o SI tienen que aprender a convivir; tanto por el lado de la caza como por el de la ganadería y agricultura. Hablando se entiende la gente aunque sin duda es un punto que se presta a conflictos. No en nuestro caso.



¡Hasta aquí la entrevista! ¿Qué opináis vosotros? 

¡Hasta el jueves que viene!